No, no solamente no le perjudica, sino que le beneficia enormemente. Hay tres razones: 1. Mantiene la herramienta bien engrasada. 2. A través de la masturbación su deseo se satisface y su cerebro se libera del deseo sexual para que pueda dedicarse a otras cosas. 3. Y la última, porque es una práctica muy saludable, aumenta las defensas, mejora el tono vital y ayuda al metabolismo. Pero no hay que pensar que masturbarse, fisiológicamente, no es diferente a tener relaciones sexuales. Si tienes pareja, piensa cuántas veces al día te gustaría hacerlo.
No tiene medida. Lo que dura, dura. Cada uno tiene la suya y esa es la buena, pero si se quiere una cifra, el Journal of Sexual Medicine informa de que la media de cada acto sexual debe estar entre 7 y 13 minutos.
Si, se es eyaculador precoz cuando se eyacula antes o inmediatamente después de penetrar. Para definirlo no se tiene en cuenta el orgasmo de la compañera. Hay muchas mujeres de orgasmo lento.
Es imposible controlar una eyaculación porque es un reflejo, o se deja ir o se inhibe, no se controla. Es como si quisieras controlar un estornudo. Quizá una de las prácticas que más daño hacen a la relación sexual es el deseo masculino de control de la eyaculación o bien la fantasía de hacer que una mujer tenga un orgasmo durante el tiempo de la penetración. Ambas cosas, el control y el orgasmo son a veces empresas imposibles y peligrosas, porque dañan la próstata y pueden producir cáncer a la larga en el caso de los hombres, y dañan la autoestima en el caso de la mujer.
La intensidad del deseo sexual es exactamente igual entre hombres y mujeres, pero no es exactamente igual para todos los hombres ni para todas las mujeres. Lo que pasa es que tienen más prensa los hombres activos y las mujeres pasivas, y da la sensación de que todos hombres y mujeres son iguales. Es una cuestión de aprendizaje cultural. Los hombres, desde muy pequeños, la educación les enseña que el sexo es un valor, y por lo tanto, ellos desarrollan la capacidad, el placer, y la conducta como algo enriquecedor y les hace sentirse hombres. Es más, entre el grupo de pares (sus amigos), están mal vistos los hombres que tienen poco deseo sexual, por lo tanto los que su deseo no iguala a los de sus compañeros, mienten. Se ha visto en clases mixtas de primaria, que los chicos y las chicas consideran a los chicos que tienen mucho deseo como muy machotes o de mucho éxito. Y a las chicas que hacen alarde de deseo se las considera como prostitutas. Por lo tanto las mujeres aprenden que el sexo es un no-valor, algo que solamente hay que potenciar en función de los demás, pero no como valor propio. Pero en culturas africanas y asiáticas, en las que se educa en los mismos valores sexuales, el deseo se manifiesta de la misma manera en hombres que en mujeres.
Si, igual que un hombre puede tener un orgasmo sin tocarle el pene, porque las neuronas que transmiten las sensaciones placenteras desde cualquier parte del cuerpo hasta la médula espinal dependen de la intención de cómo se reciba la estimulación. Es decir, si te acaricias el pelo, o alguien te acaricia los pies, o succiona los pezones y tu pones una intención erótica, puedes llegar a tener un orgasmo.
No, no pasa nada, es lo mismo que tragar saliva. Tanto el semen como la saliva tienen una textura y composición muy parecida. Todo esto siempre y cuando estés segura o seguro con tu compañera o compañero sexual, porque tragar semen es una de las prácticas de riesgo de contacto del sida. Luego hay muchos mitos, como el de si el semen engorda. El valor energético del semen es muy parecido al de la saliva, además de una pequeñísima cantidad de fructosa y una menor cantidad de proteínas, con lo cual no se puede decir que pueda engordar. Y aunque el producto fuera altamente energético, la cantidad es tan pequeña, que no engordaría aunque fuera mantequilla. Otra de las grandes mentiras es la de que el semen es bueno para la piel. Los antiguos pensaban que el semen era el líquido de la vida, una “sopa generadora”, y se pensaba que se podía dar vida a la piel. Pero ahora se sabe que no es ninguna “sopa generadora”, es simplemente un vehículo que ni siquiera tiene las propiedades antisépticas de la saliva. Por lo tanto, es un caldo de cultivo, todo lo contrario de lo que se cree. Lo que si es cierto es que el semen puede cambiar de sabor. Como el sabor de la saliva, cambia según la comida que uno come. Es más dulce cuando se come mucha fruta, y más ácido cuando se toma más carne.

